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✍️Creative Writing

Bajo el mismo cielo” 🌸

(Historia de romance entre dos chicas)

✧ Capítulo 1: La chica de la ventana

En un pequeño pueblo donde el viento siempre parecía susurrar secretos, vivía Elena, una chica tranquila, de mirada profunda y pensamientos que nunca decía en voz alta.

Todas las tardes, después de clases, se sentaba junto a la ventana de su habitación. Desde allí podía ver el cielo cambiar de color, del azul claro al naranja, luego al rosa… y finalmente al oscuro lleno de estrellas.

Pero no miraba solo el cielo.

Miraba a ella.

Al otro lado de la calle, en una casa blanca con flores en la entrada, vivía Valeria. Era todo lo contrario a Elena: alegre, libre, con una risa que se escuchaba incluso desde lejos.

Elena nunca le había hablado.

Ni una sola vez.

Pero la conocía… o al menos eso creía.

Sabía que le gustaba bailar porque a veces la veía girar en su patio con música.

Sabía que le gustaban los gatos porque siempre llevaba uno en brazos.

Sabía que sonreía incluso cuando estaba sola.

Y eso era lo que más le dolía.

Porque Elena… no sabía cómo hacer lo mismo.

—¿Por qué no puedo ser así? —susurró una tarde, apoyando la frente en el cristal.

Ese día, algo cambió.

Valeria levantó la mirada.

Y por primera vez… sus ojos se encontraron.

Elena sintió que el corazón se le detenía.

No se movió. No respiró. No pensó.

Pero Valeria… sonrió.

Y eso fue suficiente para cambiarlo todo.

✧ Capítulo 2: Un encuentro inesperado

El día siguiente fue diferente.

Elena no podía concentrarse en clase. Su mente repetía una y otra vez aquella sonrisa. Aquella mirada.

—¿Te pasa algo? —preguntó una compañera.

—No… nada —respondió Elena, aunque por dentro todo era un caos.

Al salir de la escuela, caminó más lento de lo normal. No quería llegar rápido a casa. No quería solo mirar desde lejos otra vez.

Quería… algo más.

Pero no sabía qué.

Mientras caminaba, sin darse cuenta, chocó con alguien.

—¡Ay! Perdón —dijo rápidamente, sin mirar.

—No pasa nada —respondió una voz suave.

Elena levantó la vista.

Y ahí estaba.

Valeria.

El tiempo volvió a detenerse, pero esta vez no era desde una ventana. Estaban frente a frente.

—Tú eres… la chica de la ventana, ¿verdad? —dijo Valeria con una pequeña sonrisa.

Elena sintió que el mundo se le venía encima.

—¿Qué…? Yo… no…

—Te he visto muchas veces —continuó Valeria—. Siempre estás mirando el cielo… o mi casa.

Elena se puso roja de inmediato.

—Lo siento… yo no quería…

—Oye, tranquila —dijo Valeria, riendo un poco—. No es algo malo.

Hubo un silencio.

Uno incómodo para Elena… pero curioso para Valeria.

—¿Cómo te llamas? —preguntó.

—Elena…

—Yo soy Valeria.

Elena asintió, aunque ya lo sabía.

—¿Te gusta el cielo? —preguntó Valeria.

Elena dudó… pero luego respondió:

—Sí… porque cambia… pero siempre sigue siendo el mismo.

Valeria la miró con sorpresa.

—Eso fue… bonito.

Elena no supo qué decir.

Pero por primera vez… no quería salir corriendo.

✧ Capítulo 3: Lo que empieza sin aviso

Desde ese día, comenzaron a caminar juntas.

Al principio, eran conversaciones cortas.

Palabras sueltas.

Silencios largos.

Pero poco a poco, algo fue creciendo.

—¿Siempre eres tan callada? —preguntó Valeria un día.

—No sé qué decir casi nunca…

—Entonces di lo que piensas.

—Eso es lo difícil…

Valeria sonrió.

—Pues entonces yo hablo por las dos.

Y así era.

Valeria hablaba de todo: de música, de sueños, de cosas simples.

Elena escuchaba… y poco a poco comenzaba a responder.

Un día, se sentaron juntas en el parque.

El cielo estaba pintado de tonos rosados.

—Mira —dijo Valeria—. Este es mi momento favorito del día.

Elena la miró.

No al cielo.

A ella.

—El mío también… —susurró.

Pero no era por el atardecer.

Era por estar ahí.

Juntas.

Hubo un silencio diferente.

No incómodo.

No vacío.

Uno que decía más que las palabras.

Valeria giró la cabeza lentamente.

Sus miradas se encontraron otra vez.

Pero esta vez… ninguna apartó la mirada.

—Elena… —dijo suavemente.

El corazón de Elena latía tan fuerte que pensó que se notaría.

—¿Sí…?

Valeria dudó por un segundo.

—Me gusta estar contigo.

Elena sintió algo nuevo.

Algo que daba miedo… pero que también se sentía como hogar.

—A mí también…

Y en ese momento, bajo el mismo cielo que las había unido… algo comenzó.

Algo que ninguna de las dos sabía explicar.

Pero que ambas sentían.

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